Nunca olvidaré el día de Reyes de 1989. Tenía 4 años y medio y me vi en un escenario increíble: estaba a punto de abrir un paquete que hacía tanto bulto como yo. Lo que había en su interior no podía imaginarlo, puesto que a pesar de que había visto anuncios en la tele del Spectrum, no creía posible que mis padres me regalasen eso. Pero así fue. No recuerdo si empecé a dar saltos hasta el techo de alegría o si me quedé inmovilizado ante tal sorpresa, pero lo que si recuerdo perfectamente es que en ese momento quise probar el ordenador, pero me tuve que fastidiar porque no fuimos capaces de sintonizarlo y empezar a teclear hasta el día siguiente, en el cual un vecino nuestro que entendía del tema vino a casa a echarnos una mano.
El pack que me fue regalado venía con pistola óptica y 6 juegos de Mastertronic (de los cuales hablaremos largo y tendido otro día), pero hoy lo más justo es cederle el protagonismo de la primera entrada a un juego que descubrí una mañana de sábado algunos meses después de tener el ZX…
Yo no tenía especial interés en un principio por el ordenador, puesto que por algún motivo los juegos de pistola inicialmente no me llamaron demasiado la atención. Pero ocurrió que un sábado, al levantarme e ir a la habitación en la que estaba instalado el Spectrum, descubrí justo al lado del televisor 3 cintas que jamás olvidaré. Dos de ellas eran de la legendaria Investrónica, eran el “Comecocos” (“Gobbleman”) y una cinta en la que venían “Las 4 en raya” por una cara y “Rescate del Tesoro” en la otra. Mi padre se dedicaba a jugar por las noches a esos dos juegos, especialmente al Comecocos, juego en el que recuerdo haberle visto jugar durante 2 horas seguidas sin que le matasen hace 15 años. Era un auténtico maestro de esos laberintos de bolitas. Ahora no creo que durase tanto por la falta de práctica, aunque supongo que ese instinto de zamparse fantasmas aún sigue vivo en su interior.
No sabía de dónde habían salido esas cintas de cassette, aunque ya me veía venir grandes momentos de diversión. Al coger la última cinta fue cuando todo cambió.
“¿Has jugado alguna vez a los barcos? … Pues olvídate… Jugar a los barcos con Battleships es como pilotar un Ferrari después de montar en bici… Otro mundo”.
Esa era la contraportada del Battle Ships de Elite, el juego que sin duda alguna supuso el inicio de mi vida spectrumera. La verdad es que no podían haberme dado en la fibra sensible de mejor manera. Además de ser una presentación atrayente, siendo un crío ya me gustaba ver a Senna y compañía al mando de sus potentes bólidos, con lo cual había entendido a la perfección la comparación establecida en esas breves líneas y el gusanillo despertado en mi interior sólo se saciaría probando ese juego.
Al abrir el cassette pude contemplar las instrucciones y vi el mítico LOAD”" como indicación para cargar el juego. De todas formas no sabía qué significaba eso, pues el sistema operativo de mi +2A daba acceso desde el menú principal a varias opciones. Sin embargo, mi padre cargaba todos los juegos sin escribir nada, directamente desde el Cargador. Así que me “metí” en esa opción y empecé a cargar el juego. Mientras tanto pude leer la historia del juego en las instrucciones:
“El frío aire de la mañana hiela tus huesos, cuando tú, como Almirante de la Marina de tu país, miras desde el puente el manto de niebla que cubre el océano. <<¿Dónde están?>> te preguntas dándote cuenta de que tú solo debes hundir y destruir la flota enemiga antes de que localicen la tuya.
¿Tienes coraje para hacer frente al supremo desafío naval y traer la victoria a tu país?”
Me gustaría mencionar aquí el arte que tenían los hacedores de instrucciones. Para un enano como era yo por aquellos tiempos, esas introducciones constituían mundos por los que divagar e imaginar sin límites. El tiempo que duraba la carga constituyó siempre para mí un ritual necesario, para poder leer mientras las instrucciones del juego y enterarme de todo.
Tras algunos minutos de carga apareció ante mis ojos un menú legendario:
Tardé algunos minutos en conseguir iniciar la partida, puesto que tuve que ir probando las teclas una a una a ver con qué movimiento respondían
(eran configurables, pero eso lo descubrí mucho más adelante). Al final, pude empezar a disfrutar de la acción.
Ahora, el análisis.
SONIDO
Los efectos sonoros son estupendos: explosiones, aviones sobrevolándonos, … El juego carece por completo de música, ya sea en el menú o durante el transcurso del mismo. Creo que ésto es un acierto total, puesto que le da al juego la seriedad requerida. ¿Estamos en guerra no? El silencio forma parte del juego de manera decisiva para crear ambiente.
GRÁFICOS
El mapa del juego está muy clarito y el escenario de batalla muy bien representado. Las explosiones están bien conseguidas, los aviones enemigos nos bombardean y el desplazamiento por el mapa del enemigo es muy suave.
DIFICULTAD
No se trata de un juego de pasar pantallas ni nada por el estilo. El ordenador tiene una potencia media, y normalmente se le puede ganar, aunque el factor suerte es lo primordial (si te tocan 4 barcos en una tirada ya me contarás…) . No es un juego nada difícil y no tiene por qué serlo, lo verdaderamente importante viene ahora.
JUGABILIDAD
La jugabilidad/durabilidad de éste juego es elevadísima, teniendo en cuenta la opción de 2 jugadores. Pero no acaba ahí la cosa. En el modo “MULTI PLAY” pueden participar todos los jugadores que se quieran, con la regla de “el rey de la pista”, o en este caso mejor “el rey del tablero”. El ordenador va guardando en memoria las puntuaciones de cada victoria de cada jugador, con un curioso sistema: a final de partida el vencedor suma tantos puntos como cuadros en blanco de su enemigo le han quedado, es decir, que cuanto antes lo fundas y menos mapa gastes, más puntos. Aún recuerdo un cumpleaños que celebré de pequeño y en el que unos 10 niños hicimos un torneo con esta opción de juego. Sencillamente genial.
Resumiendo, este es un juego demasiado especial para mí, aunque reconozco que es bastante bueno y muy entretenido incluso valorándolo objetivamente. Se puede jugar ahora mismo a él a pesar del tiempo transcurrido y si puede ser contra un amigo mejor que mejor, más diversión.


